Mandriva, rumbo a ninguna parte

Da pena ver a Mandriva arrastrarse de esta forma tan lamentable. La mítica distribución, fruto de la fusión de Mandrake y Conectiva (esta última creador de Synaptic, el famoso gestor de paquetes de las distribuciones basadas en Debian), hace años que no atraviesa un buen momento. ¿Cuál ha sido su último giro?, ahora lo vemos.



Mandriva, mítica distribución que se hizo famosa por intentar ofrecer una distribución GNU/Linux user friendly está, como bien dice la imagen, más perdido que un pulpo en un garaje.

La verdad es que los problemas internos dentro de la organización y desarrollo de la distribución de origen francesa han sido una constante, al menos desde que uso GNU/Linux allá por el 2007, cuando empecé a dar mis primeros pinitos, sin tener ni puñetera idea, en GNU/Linux, gracias a las frustrante experiencia de usuario de Windows hasta la Vista.

En aquella época Mandrake ya era Mandriva, fruto de la fusión de Mandrake con la brasileña Conectiva. La verdad es que destacaba por entonces por su gran reconocimiento de hardware, de hecho reconoció la ATI de mi Toshiba antes que Ubuntu y sobre todo por su buen y sencillo panel de control, que te permitía administrar y configurar buena parte del sistema operativo desde la interfaz gráfica, algo parecido a Suse/openSuse con Yast, pero el panel de control de Mandriva era más sencillo. Mi inexperiencia y los problemas con la gestión de dependencias que tenían por entonces los gestores de paquetes RPM hicieron que volviese a Ubuntu.

Ya por esa época la cosa estaba caliente entre la empresa que gestionaba Mandriva y la comunidad de voluntarios, ya que estos últimos se sentían ninguneados por la empresa. Aparte de esto, había que sumar los graves problemas económicos de Mandriva, que hizo que el proyecto se tambaleara en muchas ocasiones.

La comunidad se terminó hartando y, al igual que con Oracle y OpenOffice, declaró la independencia de forma unilateral, creando un fork llamado Mageia, el cual considero el auténtico Mandriva aunque no tenga el nombre, ya que conserva el auténtico espíritu de la distribución, la que tiene desde Mandrake.

Mandriva estuvo a punto de desaparecer, pero unos inversores rusos la salvaron. Sin embargo, la cosa no ha dado los resultados esperados, con lo que ha decidido realizar un proyecto separado de la empresa, Open Mandriva, comunitario e independiente de intereses empresariales, lo que ayudaría a su supervivencia.

Lo que más me revienta es que ahora tenemos a Mageia y Mandriva, dos distribuciones totalmente paralelas, todo un exponente de fragmentación inútil en GNU/Linux con dos proyectos que persiguen exactamente lo mismo.

Muchos somos los que pensamos que el futuro pasa por la reconciliación entre la comunidad de Mageia y Mandriva, pero parece que las distancias entre ambos son totalmente insalvables.

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