¿Está el Linux desktop acabado?

Siempre he sido un gran admirador, seguidor y como no, usuario de GNU/Linux, sistema que desde hace un tiempo es el único que uso en máquina física y que sustituyó a Windows buscando algo más sencillo de mantener. Hoy en día, gracias a Secure Boot, GNU/Linux está inmerso en una lucha por no desaparecer del escritorio.




Es innegable que a día de hoy y pese a los más de veinte años de existencia del proyecto, la presencia de GNU/Linux en el escritorio sigue siendo residual, aunque parece que poco a poco y gracias al empuje de Android se está dando algo más a conocer.

Pese a todo, una nueva tecnología, UEFI, ha sido el arma que Microsoft necesitaba para aniquilar cualquier alternativa en el escritorio salvo a Apple. Los de Redmond, junto con la inestimable ayuda de su nuevo Caballo de Troya, Symantec, han convertido lo que tendría que ser una tecnología que ayudase a proteger al usuario de ciertos problemas de seguridad en el arranque del sistema, en todo un arma que amenaza con borrar a GNU/Linux del escritorio de forma definitiva.

Secure Boot es una característica de UEFI que permite verificar el software que arranca en nuestro ordenador a través de una firma. Evidentemente, la idea suena muy bien y tanto yo como buena parte de la comunidad del Open Source no nos oponemos, pero la forma en que se ha gestionado todo ha hecho que ahora muchos nos quejemos de Secure Boot y que a los que auguraron todo un Apocalipsis en el Open Source por culpa de este sistema de verificación no les faltaba ni una pizca de razón, entre ellas la Free Software Foundation.

Secure Boot es técnicamente desactivable, dirán algunos, y yo les respondo que si, pero me estoy encontrando modelos de portátiles en donde se prácticamente imposible desactivarlo y hasta me he encontrado casos que incluso tras ser desactivado sigue funcionando, algo que es ya toda una estafa por parte de los fabricantes, inducida por el diablo de Microsoft.

Ante este problema, la comunidad de Linux discute como solventarlo, que por ahora no es grande pero con el paso del tiempo irá a peor. A pesar de que la Linux Foundation ha publicado hace poco una solución para el problema, el culebrón todavía continúa, hasta el punto que hace unos días el mismísimo Linus Torvalds le dijo a un ingeniero de Red Hat que esto no era un concurso de chupar pollas en el sentido de seguirle el juego a Microsoft, y que si Red Hat quería hacerle una garganta profunda a Microsoft, era su problema. Gruesas palabras de Linus, que no sorprenden a los que lo seguimos desde hace tiempo.

Sinceramente, espero que la comunidad de Linux de solución a esto, ya que no solo está en juego la supervivencia de Linux en el escritorio, sino también de muchas comunidades y en consecuencia distribuciones. Distribuciones como Debian, CentOS, Mageia o Arch Linux lo tendrían muy difícil para sobrevivir en un mundo donde no se puede instalar otro sistema en los PC, ya que estos sistemas viven del voluntariado y si no pueden reclutar a nuevos usuarios dispuestos a donar dinero o incluso programar o reportar errores están condenadas. Otras distribuciones como Ubuntu o Fedora se verían perjudicadas, ya que aunque tienen el respaldo de una empresa se verían muy mermadas.

Es innegable que Secure Boot ha sido toda una jugada maestra por parte de Microsoft, que ha puesto en jaque a la comunidad Linux, aunque hay muchas empresas tras de ella, sin el voluntariado perdería mucha fuerza, lo que haría que Microsoft pudiese empujar y ganar terreno en algunos sectores dominados por GNU/Linux, como los servidores web.

Lo peor de todo es que Microsoft quiere llevar Secure Boot mucho más allá, hasta el extremo de verificar los drivers y todo, al ver que posiblemente Linux dentro de poco se libre de su trampa, algo que también ha cabreado y mucho a Linus Torvalds, que dice que verificar los componentes del ordenador es ya estúpido.

En fin, como ya he dicho en más de una ocasión en este post, espero que la comunidad de Linux de por fin una solución que permita al Linux Desktop sobrevivir sin muchas dificultades, porque sino solo quedarían dos salidas, ordenadores con GNU/Linux preinstalados (que no abundan y menos con fabricantes prestigiosos detrás) o bien apostar por hardware de Apple, mucho más caro y con las puñeteras wifi Broadcom, que se llevan bastante mal con el sistema del ñu y el pingüino.

Y para terminar, pongo la siguiente pregunta sobre la mesa, ¿dónde están los tribunales antimonopolio?

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